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Gestores honoris causa

Quienes gobiernan las universidades lloran más que el profeta Jeremías anunciando el fin del Reino de Israel. Predicen apocalípticos futuros si no les va bien y prometen el paraíso tanto más cuanto más se beneficien sus instituciones. La universidad, dicen, es un modelo de racionalidad y eficacia, del que deberían aprender la sociedad y las empresas, aunque en realidad la estén convirtiendo en un coto cerrado, en el que el gusto por el ritual, por la alabanza mutua, y la falta de sentido de la realidad y de espíritu crítico parecen invadirlo todo.

En nombre de la eficacia y la gestión se está produciendo un extraordinario aumento del gasto administrativo en procesos muchas veces carentes de sentido, de los que escojo dos ejemplos. En mi universidad, si un profesor pide un permiso justificado para salir de su ciudad debe dejar cubierta su docencia, si la tuviese. Hasta aquí todo va bien. Pero ahora se exige que si un profesor se ausenta por un motivo justificado debe garantizar que la docencia que no  tiene quede cubierta  del siguiente modo: el profesor que no tiene clases designa a otro para que no imparta las clases que no existen. Ese otro acepta no impartir las clases que no hay con todo su esfuerzo y se lo comunica a la dirección de su departamento que, después de estudiar el caso, informa favorablemente  de que no se den por parte de quienes no las iba a dar las clases que ya no existían. De lo que, a su vez, se informa al decano, que expresa su asentimiento a que se designe para no dar las clases que no existen a un profesor que no las de, pudiendo tener que informar al Rector si el profesor que no iba a dar las  clases que no tenía se ausentase más de una semana. Se generan así tres o cuatro pasos en un proceso administrativo.

Del mismo modo, cada año el rectorado finge sorprenderse y decide encargar la docencia de sus titulaciones a los centros que ya las tienen asignadas. Por ejemplo, la carrera de derecho se le encarga cada año a esa facultad y no a la de veterinaria. Se calculan, en un proceso de horas de trabajo y miles de folios, las horas de cada asignatura, sus módulos y grupos, aunque se sabe que en muchos casos es imposible impartirlos (pero eso no importa). Ese encargo lo reciben  inesperadamente las facultades y departamentos que ya lo tenían y lo refrendan y corrigen con varias reuniones en las que se generan más papeles. Para al fin, una vez creado esto que se llama PDA (plan docente anual), se le encargue la docencia a los departamentos, que generan su POD (plan de organización docente), que ya conocían y que muchas veces se incumple, por diferentes tipos de razones.

En la universidad se cuidan los procedimientos, pero no importan los contenidos – por ejemplo de los planes de estudio- y ello es así porque cada vez está  más lejos de la realidad. Cuanto más se compliquen los procedimientos, más personal y más dinero  harán falta. En economía eso se llama featherbedding. Por eso en época de gravísima crisis los nuevos gestores no dejan de pedir cada vez más, diciendo que ellos –los que más gastan – son  los creadores de la riqueza. Se dijo alguna vez que “lo que no puede ser no puede ser y además es imposible”. Si queremos entender nuestras universidades, y también nuestra vida política. tendríamos que afirmar que en ellas “lo que no pueder ser, sí puede ser y además es obligatorio.”

Cómo marear a los estudiantes

En la mitología política actual la figura del estudiante rebelde constituye un motivo decorativo, como los pañuelos palestinos, pues es de buen gusto alabar la rebeldía de los estudiantes del pasado, a la vez que se procura que los del presente sean cada vez más dóciles. Ello se logra fomentando la competencia entre unos jóvenes que van a tener un futuro muy dificil y sumergiéndolos en embrollos normativos.

Sería un gran ejemplo el Estatuto del Esudiante Universitario, publicado en el BOE el 31 del XII de 2010, entre las uvas y el champán, y en el que se regula en 27 páginas de letra menuda toda la vida de los estudiantes.Los estudiantes tienen unos derechos que van de la a) a la x) en el art. 7, y otros que van de la a) a la i) si estudian un grado,y de la a) a la j) si cursan másteres..

Se les dicen que van a gobernarse a sí mismos gracias al Consejo de estudiantes universitario del Estado, un órgano, pensado en el año 2001 por Pilar del Castillo y ahora puesto en práctica. En él, presidido, nada más ni nada menos que por el Ministro, cada universidad, pública o privada, tendrá un representante, de modo que a los estudiantes de las universidades privadas (11,3%) se les asigna el 33% de los votos, quedando el 67% restante para 1.244.465 estudiantes de las universidades públicas.

Del mismo modo a Madrid le corresponderán 13 votos, a Cataluña 11 a Andalucía 10 y a Galicia 3 y Asturias, Cantabria, Extremadura y otras 1, porque sólo tienen una universidad pública y ninguna privada. A esos estudiantes-diputados los elegirán los Consejos de Gobierno de sus Universidades entre aquellos que hayan sido previamente elegidos como miembros del Claustro.

Dado que la participación estudiantil en las elecciones a los Órganos de Gobierno de las Universidades suele rondar el 5%, que se dan casos en los que hay más puestos que candidatos y que hubo candidatos que ni siquiera se votaron a sí mismos, parece poco democrático que los sindicatos estudiantiles, las organizaciones de estudiantes o las juventudes de los partidos políticos no tengan representación en este órgano que parece un remedo del antiguo SEU (Sindicato Español Universitario).

Es curioso que el estatuto del estudiante vaya a ser seguido por el Reglamento disciplinario que se aplicará a los estudiantes a partir del año 2011 y que se diga que es obligatorio reconocer a este órgano como único medio de interlocución válido entre el  Ministerio y los estudiantes de toda España. Ese Consejo es un órgano de gobierno con importantes funciones: informar los mapas de titulaciones y establecer los criterios de las becas públicas, que no interesarían a los alumnos de las universidades privadas (33% de los votos), a menos que se vayan a dar becas para ir a éstas

Da la impresión de que el futuro de los estudiantes no le importa mucho al gobierno. Crece el procentaje de parados, a pesar de que se pueden cursar 408 másteres y 239 doctorados diferentes en Cataluña, impartidos por 16.831 profesores, o 261 y 221 impartidos por los 19.959 profesores universitarios de Madrid, o los 137 y 87 respectivos que corresponden a los 5.140 profesores de las universidades gallegas. Este disparatado número de titulaciones y profesores no garantiza el empleo de sus estudiantes, a los que el gobierno tiende una trampa obligándolos a participar en un sistema complejo casi imposible de entender, pero en el que a los futuros desempleados se les enseñará a ser autonómos, responsables, razonables, justos y compresivos con los demás (art.63) en un mundo en el que reina la competencia más salvaje. Vale.

El cuento del campesino elocuente: carta abierta a Juan Casares Long

Hay una antiquísima tradición literaria, que tiene más de tres mil años de antigüedad, en la que una persona humilde, un campesino, un trabajor de las grandes obras públicas de los antiguos imperios, o un artesano, apela a la figura del buen faraón, del rey mesopotámico o del emperador de la China para pedirle una justicia que le es negada normalmente por los funcionarios abusivos.

En los textos literarios, como El cuento del campesino elocuente del Egipto Antiguo, el pobre campesino consigue convencer al faraón con sus argumentos y el faraón reestablece el orden de la justicia. Evidentemente no es más que cuento, un relato interesado, escrito por los escribas para ser leído por ellos mismos y para tranquilizar su conciencia, y del que nunca tuvieron conocimiento los analfabetos campesinos egipcios.

En las sociedades democráticas no hay que apelar al rey ni al emperador, puesto que todas ellas se basan en un orden jurídico que garantiza y vela por los derechos de todos los ciudadanos, al menos en teoría, puesto que todo el mundo sabe que la justicia puede ser muy cara, a veces es muy complicada y las posibilidades de intepretación de las leyes pueden ser muy variadas, y por eso las sentencias pueden ser apeladas en distintos niveles.

Desde el siglo XVIII, cuando nace la esfera de la opinión pública, la prensa, los medios de comunicación, comenzaron a ejercer como contrapartida del poder político y a veces funcionaron como tribunales de papel en los que se podía solicitar la aplicación de una justicia poética, o una justicia real, como el caso Dreyfus en la Francia del siglo XIX o el caso Watergate en los EE.UU. del siglo veinte vinieron a poner de manifiesto

En España y en las universidades españolas la esfera de la opinión pública parece haberse disuelto, en un proceso en el que la información escrita o audiovisual parece estar cada vez más al albur de los intereses partidistas o personales en todos los ámbitos.

 

En España y en las universidades españolas las normas crecen desmesuradamente, son cada vez más dificiles de interpretar y se contradicen a sí mismas. Por eso a veces los derechos de los estudiantes, tal y como ocurrió en el caso del Máster docente, en que los estudiantes de la Universidad de Santiago recibieron el apoyo del por entonces candidato a Rector, Juan Casares Long, cuando como pequeños campesinos egipcios apelaron al Valedor do Pobo Galego y al Defensor del Pueblo de España.

También pueden verse conculcados a veces los derechos de algunos profesores, y los profesores disponen de medios para recurrir y defenderse.Pero a veces los trámites son muy largos, la administración está sobrecargada de trabajo y las cosas se complican. Por ello puede ser bueno que, respetando siempre los derechos y la integridad de las personas, se den a conocer a la opinión pública tantos y tantos problemas que las universidades como la nuestra sufren y que deben ser corregidos por el propio bien particular de  las personas y por el interés general de la institución.

Fue por ello por lo que, planteando el problema global de la enseñanza de posgrado en España, he dado a conocer los problemas del único Máster que conozco. Un Máster elaborado como todos los demás, y que por ello comparte los mismos problemas en su disfuncionalidad y en su intrincada estructura administrativa, y que paradójicamente, y en contra de lo que razonablemente pudiese parecer, puede otorgar demasiada discrecionalidad en muchos aspectos debido a la compeljidad de sus normas.

Cinco profesores del Departamento de Historia I de la USC hemos presentado cinco recursos pidiendo la suspensión cautelar de un Reglamento sobre la lectura de los trabajos del Máster de Arqueoloxía e Ciencias da Antigüedade por considerar que tiene serios problemas que ponen en entredicho los derechos de los profesores y los alumnos del citado Máster.

No tenemos dudas de que será examinado en su tiempo correspondiente y se dictará una resolución sobre su validez, que puede hacer que ese Reglamento sea o no legal, pero pienso y pensamos que analizar el problema general de los másteres en un ensayo global dado a conocer al público, ilustrándolo con este ejemplo  – sin ánimo de  injuriar a nadie, pues ninguna persona ha sido citada con su nombre y ya que el Reglamento es obra de un órgano colegiado -, puede ser útil a la comunidad universitaria, a veces falta de vigor crítico por diferentes tipos de razones.

No voy a decirle, Excmo. y Magnífico Sr. Rector, a Ud. que tiene el honor de gobenarnos con toda la legitimidad que le otorgan la ley y las urnas, que la resolución del recurso es gracia que esperamos alcanzar del recto proceder de V.E., cuya vida Dios guarde muchos años.

Yo personalmente, y muchos otros profesores de mi edad tambien, he tenido que rematar así muchas instancias y solicitudes. Por suerte ahora ya no hay que escribir así, puesto que en democracia se pide justicia y no gracia. Nadie está obligado a creer en Dios, aunque por supuesto quien quiera puede hacerlo, y, eso sí, podría decirle que sí que le sigo deseando a Ud., Señor Rector, y a todos los miembros de la Universidad que gobierna, la más larga vida posible que la naturaleza quiera a todos concedernos, para que pueda corregir y enmendar tantos y tantos defectos de nuestra vida académica con la ilusión y el entusiasmo que suele dar el comienzo de un largo mandato.

La burbuja universitaria

Las universidades españolas parecen vivir al margen de la realidad. Carecen de espíritu crítico y están obsesionadas por dar constantemente a conocer sus logros a la opinión pública, unos logros que tendrían que revertirles en forma de una financiación creciente.

Es curioso que a la vez que se gestó la burbuja financiera nuestras universidades creciesen desmesuradamente, afirmando además, cuando la especulación financiera asfixió la economía real, que el único valor económico era el conocimiento. Paralelamente al desarrollo de la burbuja financiera se produjo el proceso de adelgazamiento de las universidades en muchos países desarrollados, a la vez que cayeron en picado los sueldos de profesores, ingenieros, científicos y tecnólogos, naciendo así la figura del ingeniero mileurista.

En España, sin embargo, las universidades parecen vivir en una burbuja inmune a la economía real. Proclaman que ellas son la solución a la crisis con sus campus de excelencia, futuros motores de ciudades como Vigo (según su rector, que sabe que esa ciudad sin Citroën, sin su puerto, su flota pesquera y sus astilleros no sería nada). O bien que su futuro y el de Galicia estarían garantizados por la Ciudad de la Cultura, según afirmaron los tres rectores gallegos.

Las universidades se nutren de fondos públicos en dura competencia entre sí. Cuando sus profesores consiguen financiación pública para sus proyectos afirman haber logrado proyectos competitivos, solo que entre funcionarios. Sus plantillas se crean cada vez menos en función de sus necesidades docentes y más para la promoción de sus profesores. En toda España se incrementa sin sentido el número de catedráticos, y la Universidad de Santiago está consiguiendo en ello un récord de productividad.

Se engaña a los jóvenes formándolos como científicos sin futuro y se pretende convertir a investigadores en profesores sin docencia en áreas excedentarias, dejando a las deficitarias cada vez más precarias, porque los proyectos y los contratos de investigación se concentran siempre en los mismos equipos. Y si alguien afirma que eso supone un crecimiento sin sentido se le dice que hipoteca el futuro de su país, que solo será salvado por la creación de conocimiento, y sobre todo de publicaciones, que básicamente sirven para engordar el currículum de los profesores, que vuelven así a exhibir sus méritos.

Muchas universidades tienen deudas multimillonarias, de las que solo ellas son responsables. Esas deudas lastran su futuro, como el caso de Santiago, y el futuro de otras universidades de sus autonomías. Pero miran a otra parte. Al igual que en la burbuja financiera, en la que la bolsa fue un casino, en muchas universidades se cree que sus deudas de hoy serán sus riquezas de mañana. En ambos casos todo el mundo le debía a todo el mundo y nadie pagaba, hasta que el sistema reventó. A comienzos de año, cuando se hacen promesas que casi nunca se cumplen, y aprovechando la entrada en vigor de la nueva ley antitabaco, ¿podrían las universidades prometer dejar de fumar, puesto que el humo que las envuelve es muy malo para su salud?

La Voz de Galicia, 09/01/11